Dale duro Sammy!

"Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo"

Julio Cortazar

 

Los que conocimos a Sammy en aquellos días en que su nombre figuraba en las portadas de los principales periódicos y revistas del mundo, teníamos el temor de que su gloria tendría un carácter de temporalidad.

Tuve la oportunidad de conocerlo a finales de los 90 junto a Felipe Pagés, presidente de Pagés BBDO, mientras negociábamos un contrato con la intención de utilizar su imagen para una campaña publicitaria regional y vincular su proyección a los valores que caracterizan a la marca Pepsi. Su trato era afable y de una discreta timidez, corto de palabras y con una expresión de humildad típica de los que han conocido la pobreza y han logrado salir en base a su esfuerzo. Se había ganado el respeto y la admiración de todos los que nos involucramos en aquel proceso, pero ninguno estábamos preparados para lo que vendría unos meses después.

En 1998 protagoniza el memorable duelo de jonrones con Mark McGwire y se convierte en uno de los jugadores de mayor trascendencia en la historia del béisbol. Su carisma arrollador lo transforma en una celebridad mundial. Donald Trump, Salma Hayek, Michael Jordan y el presidente de la república eran algunas de las personalidades invitadas a sus espectaculares fiestas.

Después, nada fue igual; compartir con el, resultaba una experiencia desconcertante; opulencia, Ferraris, Rolls-Royce, Jaguares, Moët & Chandon Brut Impérial, intolerancia, ingratitud y soberbia eran los otros "batazos" que podíamos observar desde nuestras tribunas en los bares de moda de la cuidad.

Sammy no estaba preparado para un éxito de tal dimensión; su frágil carácter olvidó que la fortuna tiene dos caras, y la más terrible es su inevitable transitoriedad. Su fracaso se veía venir, su decadencia era inminente. El deterioro fue progresivo y abrumador; en apenas dos años su nombre desapareció de los titulares de prensa y de las portadas de las revistas que antes se disputaban su rostro.

Durante 4 años vivió las más terribles humillaciones, ningún equipo deseaba tenerlo en su lista de jugadores, los fanáticos olvidaron su nombre y pasó de la opulencia al anonimato.

Discretamente, en silencio y con el ego destrozado. Sin contrato para jugar en las ligas mayores durante el invierno, un año fuera del deporte y su carrera al borde del colapso, aceptó un contrato con las ligas menores, y se retiró humildemente a reconstruir su carrera. Todos notamos un significativo cambio en su forma de ser y en su relación con la vida. Ahora se mostraba humilde, accesible y agradecido.

Nosotros creemos y lo expresamos en todas nuestras experiencias, que las personas tienen en su interior un poder que les permite hacer cosas extraordinarias, y con frecuencia citamos algunos ejemplos y anécdotas que demuestran esta afirmación. El caso de Sammy es una de esas historias que contamos, porque al notar el cambio en su vida, asegurábamos que una trascendencia mayor que le esperaba, era solo asunto de tiempo y de batazos.

Con 588 jonrones antes de iniciar el año, Sosa estaba dispuesto a hacer un intento para volver a las mayores, a pesar del trago amargo que vivió a su salida de los Cachorros de Chicago y su posterior fracaso con los Orioles de Baltimore. Ciertamente, era difícil pensar que alguien le ofrecería un contrato a un pelotero que apenas bateó 221 y empujó 54 carreras con los Orioles en el 2005.

Pero Sosa encontró un hueco en los Rangers de Texas, ganó un puesto en los entrenamientos de primavera luego de firmar un contrato de liga menor y ha presentado grandes credenciales en el 2007, como uno de los mejores bateadores del equipo.

Sosa solo necesitaba 12 jonrones para llegar a 600. Solo cuatro peloteros han alcanzado esa marca en toda la historia del béisbol: Hank Aaron, Barry Bonds, Babe Ruth y Willie Mays.

¿Entonces qué estaba pasando que Sammy no encontraba la oportunidad que merecía?

Quizás su personalidad no era del agrado de muchas personas; quizás el incidente del bate con corcho todavía está en la mente de algunos; quizás hay personas que consideran que los rumores sobre uso de sustancias para mejorar el rendimiento son más que rumores. O posiblemente, muchos dudaban de su capacidad de aprender de sus propios errores y retomar el camino de la prudencia, la humildad, la gratitud y la compasión.

El 20 de junio Sammy Sosa logra poner de pie a más de 400 millones de personas alrededor del mundo que vibraron de emoción al ver la pelota número 600 cruzar por encima de la cerca impulsada por el extraordinario poder que acumula el corazón de aquellos que tienen la voluntad de levantarse y volver.

Y mucho más que eso; la Providencia lo premia con la misteriosa coincidencia de que esto suceda frente al equipo y a los fanáticos que tantas veces lo habían humillado. Y mucho más allá; jugando a favor del equipo que lo había rechazado en el inicio de su carrera, y el único que creyó en la posibilidad de su retorno.

Junto a esa pelota número 600, cruzaban también la cerca, la arrogancia, la intolerancia, la petulancia y la falta de humildad que le hicieron fracasar, para demostrar que la integridad y los valores humanos determinan las probabilidades del éxito y su permanencia en el tiempo.

Resumo esta experiencia con una de las frases más extraordinaria que habré leído jamás:

"La humildad es la única fuerza que permite preservar el poder"

Por eso digo, dale duro Sammy!!!, a la pelota, y a todo lo demás.

mjm-junio2007